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Título : Crítica a la perspectiva mítica que Max Weber expone en La Ética protestante y el espíritu del capitalismo
Autor(es): Andrade Salas, Gerardo
Asesor(es) : Mosquera Peralta, Víctor Manuel
Título : Crítica a la perspectiva mítica que Max Weber expone en La Ética protestante y el espíritu del capitalismo
Fecha de publicación : sep-2015
Palabras clave : Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas
Max Weber
Capitalismo
Instituciones capitalistas
Globalización
Neoliberalismo
Capital
Dinero
Karl Marx
Reforma protestante
Crítica
Abstract : Con mi Crítica a la perspectiva mítica que Max Weber expone en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, intentaré develar el contenido de una de sus obras magnas que sostienen teórica y prácticamente al mundo actual. Mi objetivo es argumentar que el modelo ideal y atemporal propuesto por Max Weber equivale a un suicidio inintencional; sostendré que por su profunda irracionalidad su modelo es completamente inviable. Los cimientos del sistema económico neoliberal conocidos bajo el nombre de capitalismo, parecen ser arraigados desde una perspectiva evolutiva o bien parecen tener una naturaleza divina, dando la impresión de que el capitalismo es la única vía posible y factible para el sustento de toda la vida en general. Supuestamente sólo desde esta visión se posibilita el sustento de la vida; y sólo desde esta mirada se encarnan (se subjetivan) sus presupuestos generales: la libertad, la libre competencia, el libre mercado. La ética weberiana se postula como una ética de la prosperidad, pero en sí es una justificación racional de la egoicidad, la avaricia y la ambición. Para poder mantenerse durante el siglo XXI, el capitalismo se sustenta en la razón moderna. Esta razón no nació en el seno de la cultura capitalista sino surgió con el auge de la modernidad; irrumpió en el año 1492 (en cuanto proyecto cultural), es decir: esa razón es hoy la plataforma y el fundamento del capitalismo, pero el capitalismo se ha transmutado en razón instrumental. En tanto racionalidad científica y empírica parte del supuesto de haber superado al ámbito mítico, entendiendo lo mítico como pérdida de lo temporal y como autoconstitución de algo asincrónico. Lo anterior significa que el modelo económico neoliberal crea sus propias normativas, su propia praxis, sus propios conceptos y categorías lógicas; su argumentación racional parece exenta de contradicciones y muestra signos de superioridad como propuesta civilizatoria. Esta propuesta debe parecer absolutamente racional (aunque es irracional) porque si no lo parece corre el riesgo de acelerar su propio colapso. Tiene que mostrar sus postulados como infalibles: libre mercado, ambición, avaricia, libre competencia, progreso sin límites y ganancia continuos. Todos estos son postulados que el propio capitalismo plantea, supedita y legitima; así niega la posibilidad de que parezca factible y racional otro sistema distinto del actual, y por ende parece inútil cualquier argumentación que pretenda abrir cauces hacia otras vías civilizatorias. El capitalismo para crear su propia realidad también crea a los intelectuales que necesita, y uno de ellos es Max Weber, quien con su obra La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo argumenta que quien no ha crecido dentro de la racionalidad capitalista se encuentra fuera de la historia universal. Pero Weber va más allá y afirma que sólo el individuo (Ein) que ha dejado que su cuerpo sea poseído por el espíritu del capitalismo (Geist des Kapitalismus), podrá arribar al progreso infinito. Estando impregnado de este nuevo paradigma, que es el paradigma del capital, ese individuo poseído podrá romper sus propios límites, podrá no depender de nadie y podrá hacer todo lo que le convenga sin que importe que sus acciones sean contraproducentes para los demás. Esta es una argumentación muy seductora y si se carece de un marco crítico (Grund Fundamento) que permita revelar lo escrito en este texto por Weber, fácilmente se convierte en un individuo ingenuo. Por la sencilla razón de que la propuesta de Weber está configurada por la razón moderna capitalista, y esta razón a su vez es la superación del ámbito mítico tradicional. Lo novedoso en Weber es que su razonamiento es mítico porque afirma que el capitalismo es lo único posible, afirma que este sistema es un mecanismo natural de sobrevivencia y al mismo tiempo que niega los mitos crea los suyos, encubriéndolos bajo una apariencia racional; sostendré pues que el fundamento ideológico del capitalismo continúa siendo mítico. Este propósito lo abordaré escudriñando el texto de Weber ya mencionado, intentaré develar su racionalidad mítica y explicitaré las repercusiones negativas de las ideas de Weber con respecto al denominado tercer mundo y la vida en general; tales repercusiones culminan con el asesinato de toda forma de vida y de todo horizonte civilizatorio distinto del capitalismo; es decir culminan con un suicidio colectivo inintencional. Además mostraré qué parte del texto que analizo universaliza la lógica del capitalismo actual y lo presenta como un absoluto. Cuando Weber habla del (los) capitalista(s) aventurero(s) (kapitalistischen Abenteurer), generaliza esta idea hacia toda la historia de la humanidad; en otras palabras, confunde las relaciones mercantiles de otros tiempos con las relaciones económicas del capitalismo; Weber presupone que toda relación dineraria es capitalista en sí. Si bien en el pasado existió el dinero, aquellos individuos no entendían el dinero como lo entiende el capital: éste ahora es una abstracción que permite obtener todo lo que se desee. Pero una cosa es el dinero en cuanto posibilidad de reproducción de la vida, y otra es el dinero en cuanto posibilidad de reproducción infinita del sistema capitalista. También sostendré que es un error darle credibilidad a los mitos capitalistas que han sido encubiertos por la argumentación mítica de Max Weber; sostendré que permitir el desarrollo del sistema económico actual desde sí mismo es una exaltación a la muerte en demérito de la vida en general; que el privilegiar la cultura de la muerte nos orienta hacia un suicidio inintencional y que quien obstinadamente confía en los resultados del capital, invisibiliza todos sus estragos: como la hambruna que padecen millones de personas (hambruna que padecen incluso quienes viven en el denominado primer mundo); esos obstinados invisibilizan el terror ocasionado por las guerras (últimamente fallidas), invisibilizan el despojo y el deterioro de los recursos otorgador por Madre Tierra en casi todas las regiones del planeta (la erosión de la tierra, la contaminación de los mantos acuíferos, la contaminación de la atmósfera, etc.); en fin, quien ha sido seducido por la mitología capitalista también invisibiliza la esclavitud en la que se encuentran quienes por su extenuante trabajo sólo reciben un salario de subsistencia. Para todos estos propósitos, repito, en un primer momento haré explícito el contenido en la obra ya mencionada; contenido que encubre su forma de vida (muerte) bajo un manto que parece racional y funcional para todo aquel que desea progresar, para todo el que aspira llegar al nivel de la elite, (WASP el 1%), para quienes desean una buena vida (eu bios) en la tierra y al morir poder ingresar al cielo. En cambio, Weber afirma que quien no se apegue a los ideales del capital sufrirá la condena eterna: padecerá tanto en el cielo como en la tierra, porque será siempre pobre, miserable. Para argumentar que el modelo ideal propuesto por Weber no es pertinente para la vida en general, recorreré dos vertientes de su texto: uno es la que ofrece la editorial Colofón y la otra es la presenta la edición en su idioma original. Esto de revisar la traducción al español y el texto original en alemán no es sólo para comparar las formas en que se postula una idea, sino para poder ir al contenido mismo de la argumentación; así pretendo invalidar la argumentación de Weber desde sus propias contradicciones. No en términos de una lógica o el principio de no contradicción, sino en términos vivenciales. Es desde lo vivencial que se puede valorar sin una teoría es o no acorde con la vida, y para tal valoración utilizaré las propuestas de Karl Marx, Walter Benjamín, Franz Hinkelammert, Víctor M. Peralta y Juan José Bautista Segales. Estos son autores cuyos planteamientos conocí por las lecturas que pedían algunos profesores comprometidos con la realidad social de nuestro país; gracias a ellos me enteré de un tema que me era teóricamente desconocido: El capitalismo. Mediante lecturas pertinentes pude comprender el modo de Ser del capital, la forma en que se sigue sustentando como único modelo posible para la vida en general. Pude pensar la forma en que se produce (in)directamente la muerte de muchos bajo un marco jurídico propicio del capitalismo. Fue dentro de la UACM que comprendí cómo el capitalismo se autosustenta: creando las instancias que le permiten solidificarse. El capitalismo creó y sigue creando para su beneficio un tipo de Derecho, Economía, Filosofía, Psicología, Política, Historia, Geografía, Biología, Estética, Teología, etc., haciendo creer que es él es el único modo de vida posible, lo único factible para todo ser vivo. Pero al principio yo seguía sin entender por qué muchos defienden el capitalismo como tal si se tratara de una religión. El tema se me aclaró cuando conocí al Maestro Juan José Bautista Segales, pensador latinoamericano ganador del Premio Libertador al Pensamiento Crítico, 2015, en Venezuela; por él y por Karl Marx, Walter Benjamín, Ernst Bloch y Franz Hinkelammert (y por el horizonte cultural de Juan José Bautista Segales: Bolivia) comprendí que también el capitalismo produce su propia teología: el capitalismo produce la teología de la dominación que necesita. Cuando entendí que el capitalismo también produce su propia religión, entendí por qué diversas personas (ricas y pobres) veneran al capital como si de Dios mismo se tratara; entendí por qué se dice que Grecia fue sacrificada en el altar de la economía cuando experimentó una recesión económica; entendí por qué muchos dicen que Estados Unidos es el país que brilla sobre la montaña; entendí la frase dicha por Karl Popper y que es repetida por la élite WASP: “Quien produce el cielo en la tierra produce el infierno en la tierra”; entendí en qué consiste la salvación y liberación del cuerpo y del alma, una vez que se consolida el capital como lo no límite. Lo permitió mi acercamiento a la Reforma Protestante, a los textos elaborados por Lutero y Calvino, y por ellos pude plantearme el siguiente interrogante: ¿Cuál es el contenido de la Reforma Protestante y cómo tal contenido apuntala el desarrollo capitalista hacia formas cada vez más bestiales, pareciendo ese desarrollo natural o divino? Entonces descubrí que necesitaba entender en qué momento la Reforma Protestante se fusionó con el capitalismo y sin que tal fusión fuese evidente. Esta comprensión inició en mí cuando comencé a leer a Max Weber, y también puede verse la unión de la Reforma Protestante con el capitalismo con autores como Karl Popper, Kelsen, Hayek, Milton Friedman, John Rawls y con instituciones como el FMI, la OTAN, ONU, BM, BlackRock, Goldmansachs, JP Morgan, Chase, el extinto Banco Lemannbrothers, el departamento de Estado de Estados Unidos y sus servicios secretos, etc. Progresivamente entendí cómo se da esa relación y que sin categorías teológicas esa relación sería invisible. Digo que esa relación es casi imposible de ver porque muchos piensan que develar principios teológicos en los textos de Weber es un error, pues él es un sociólogo no un teólogo; además se piensa que la teología ya está superada, ella es cosa que nubla el buen pensamiento (como lo diría Hume), porque Dios es un ser imaginario, Dios ha muerto (diría Nietzsche). Si hubiese partido de estos presupuestos ingenuos, el presente trabajo no habría sido realizado y confieso que aunque ya podía ver la relación del protestantismo y el capitalismo por los textos de Weber, aún no entendía la cuestión del mito disfrazado de razón. Fue necesaria mi asistencia a conferencias, tuve que leer textos y ponencias que defienden el capitalismo, entendiendo el capital como el mejor de los mundos posibles, como el cielo en la tierra, el paraíso terrenal. Por ello insisto que con la ayuda de Karl Marx, Walter Benjamín, Ernest Bloch, Franz Hinkelammert, Juan José Bautista Segales y Víctor M. Peralta, comprendí la cuestión de los mitos y cómo ellos se generan en el interior mismo de la modernidad; entendí que bajo la apariencia racional del capitalismo hay un fundamento mítico de dominación, y esta comprensión me impresionó con tanta vehemencia que decidí reflexionar sobre La perspectiva mítica que Max Weber expone en La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Comprendí finalmente cómo lo mítico adquiere una apariencia racional y cómo la razón moderna--capitalista es mítica en todo momento. Así pude ver el nivel de perversidad ingenua de quienes creen fervientemente en las bondades del capital: la forma en que este sistema corroe a quienes defienden con su propia vida algo que no la tiene en su origen. Estas personas justifican los asesinatos que el capitalismo produce directa e indirectamente en el tercer mundo: como lo ha hecho en Venezuela, Chile, Nicaragua, Brasil, Argentina Bolivia, México, Guatemala, Cuba y muchos entre otros países de todos los continentes. Pero decidí no sólo decir que el capitalismo no sirve. Esto ya ha sido dicho por muchos autores: algunos le expresan de modo original y otros proponen supuestos proyectos alternativos que no obstante tienen un fundamento capitalista; incluso algunos escriben contra el capitalismo porque “es lo que está de moda”. Pretendo pues mostrar cuáles son los mitos encubiertos por la razón moderna--capitalista en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, y al mismo tiempo me propongo criticar el modelo que defiende Weber; además quiero proponer conceptos viables y contrapuestos a la propuesta weberiana, con la intención de que después ellos adquieran el nivel de categorías susceptibles de ser utilizadas en la construcción de un mundo mejor. Esta tesis consta de dos partes: la primera corresponde enteramente a La ética protestante y el espíritu del capitalismo, por ello reproduzco sucintamente y en forma accesible el contenido expuesto en tal libro. En este primer momento no me declaro en favor o en contra del proyecto weberiano; sólo intento exponer de modo claro y directo los postulados y los argumentos con los que Weber justifica el modelo capitalista como el mejor posible. La segunda parte es mi argumentación en contra de la primera parte; es aquí donde abordo directamente a los mitos weberianos. En esta segunda parte expongo mi tesis principal: que lo dicho por Max Weber no es viable para quienes nos proponemos contribuir en la construcción de un mundo del todo nuevo que ya es pero aún no. La propuesta de Weber funciona para el capital pero al justificar un modelo de destrucción, es inservible para cualquier alternativa histórica que se pretenda humanamente implementar.
URI : http://repositorioinstitucionaluacm.mx/jspui/handle/123456789/2366
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